martes, 29 de marzo de 2011

“Aunque sean las tantas”












Amanece y me apetece cogerte,
que te cueste respirar.
Los portazos ya no son fuertes
ni hay prisa por llegar.

La calle oscura me cura,
me guía, me esconde.
Rasgo las cuerdas de “La Luna”,
me busco no se dónde.

Y en este día tus labios
ya me parecen iguales…
los menores y los grandes.

Te revuelco a ratos,
y se me hace tarde
de tu boca a mi glande.

Si he visto el mar lleno de nubes
no hay dios que me vaya a parar.
Por más que baje lo que sube
de encima de ti no me voy a quitar.

Si no llueve no me mojo,
me planto y salto en los charcos.
Soy como el pirata cojo
pero sin cojera y sin barco.

Y follo con la guitarra,
mi espalda es el soporte
que equilibra la balanza.

Pincho en hueso con cuchara,
pídeme que te desmonte
aunque sean las tantas.


(29.03.2011)

martes, 22 de marzo de 2011

“A la altura justa”


A la altura justa de tu boca
hay días que me encuentro la mía.
Y no está mal, de hecho mola
que así termine el día.

Me oxido y espero que cese
esta lluvia agotadora.
A veces me puede
y otras me ahoga.

A la altura justa de mi boca
hay días que te encuentro entera.
Te como, te lamo y borras
de un golpe mis problemas.

Me privo y renuncio sin pena
a otras glorias ya vividas.
Espero despierto a la espera
de que te quedes dormida.

(22.03.2011)

lunes, 21 de marzo de 2011

“Piedras puntiagudas”














Por más que quiera

yo no soy actor,
ni estudié interpretación
ni tengo paciencia.

Soy más de ciencias
que de letras
pero hay números
que no sé multiplicar.

Y multiplico y me aplico,
intento no hacer daño a la gente
aunque la corriente a veces
arrastre piedras puntiagudas.

Locura, que sana enfermedad,
hora menos cuarto
cuanto se está a punto de cerrar.

Amar, plato perfecto
resultado de la verdad y el respeto,
y un poco de cariño, un poco de afecto…
todo entra en nuestro cuenco.

Me pierdo, mi cabeza vuela,
hacen ruido mis pensamientos.
No puedo estar tranquilo
y me mete prisa el tiempo.

Y espero, voy a ceder
una vez más porque quiero.
Aunque el río quiera sonar
y el agua esté hirviendo.

(21.03.2011)

viernes, 18 de marzo de 2011

“Autocrítica constructiva”
















He de aprender que las palabras
son sólo eso…palabras.
Un conjunto de letras enlazadas
a la perfección que expresan ideas.

Aprender que no todos los días llueve
ni hace viento ni hace sol.
Que hoy puede apetecer
y mañana no.

Y no quiere decir que se pierda,
que se olvide lo anterior.
Igual es mejor si pienso
que se suplementa.

Eso es, no siempre se está
de la misma forma
ni del mismo humor.

Cada uno tiene sus asuntos
y esas preocupaciones no tienen
porqué sustituir otros pensamientos,
ni borrarlos…simplemente
hay más cosas en la vida
que uno mismo y no se puede ser
el centro de atención de nadie.

¡Eso es así!

¿Si gusta serlo? ¡Por supuesto!
A todos nos gusta saber
que otra persona nos está pensando.
A todos nos gusta recibir
muestras de cariño y afecto.

Pero no siempre se pueden recibir
y eso no implica que realmente
no estén.

Seguramente están y lo más inteligente,
de un tiempo a esta parte he aprendido,
es esperar que pase el tiempo.


(18.03.2011)

miércoles, 16 de marzo de 2011

“Se avecina una tormenta”



El hombre propone
y Dios dispone…voy a tener
que hacerme creyente.

Me asombra la frialdad
y ausencia de responsabilidad
con la que dices quererme.

No es tu culpa…

Por más que me esfuerce
todo parece estar en contra.
A veces veo tu miedo a perderme
y también tu zozobra.

Y me esfuerzo, te aseguro
que me esfuerzo en comprenderte.
Empujo lo malo en ‘pro’ de lo bueno
pero la incertidumbre me puede.

Creo que nunca podrás
ponerte en mi lugar ni entenderme.
Lo que es importante para mí
para ti parece un juguete.

No puedo obviar ciertas cosas,
ya no sé donde está la balanza.
No digo que yo sea una joya
pero ya destruí mis armas.

‘Se atormenta una vecina’
sin embargo me calmo en tus brazos.
Se para el tiempo y repentina,
mi mente se vuelve pedazos.

Me das la acción que quería,
pero temo a las alturas.
Pisa el freno si en tu vida
no quieres más fracturas.

Si realmente te vale la pena,
manda señales de humo.
No vaya a ser que la tormenta
separe nuestros mundos.

Yo no lo quiero,
tú ya lo sabes.
Si no nos perdemos
será nuestra clave.

(16.03.2011)

martes, 15 de marzo de 2011

“Lo que fuera”













Por estar en tu cama,
los dos desnudos,
oliéndonos,
abrazándonos,
sintiéndonos,
tocándonos…

Por estar dentro de ti,
lamiéndonos,
besándonos…
escuchándonos respirar,
tocando nuestra piel caliente…

Por estar en tu cabeza,
comprendiéndonos,
respetándonos,
esperándonos pacientes…

Lo que fuera daría.

(15.03.2011)

domingo, 13 de marzo de 2011

“Inventarnos de nuevo”



No sé qué puede ser lo mejor,
desconozco aun muchos detalles.
Cada vez me sale todo peor
si me empeño en ser afable.

Cuasi ni me reconozco,
yo que siempre fui de duro…
Pequeños cristales bajo mis ojos
y sobre mi cabeza, humo.

¿Y si nos inventamos de nuevo?
Ya no me quedan ideas.
Creo que no valgo pa’ esto
que tanto me afecta.

No logro comprender
donde se esconde la mecha,
ni como antes o después
siempre acaba en tormenta.

(13.03.2011)

jueves, 10 de marzo de 2011

“Nota de suicidio”















Siempre supe que de hacerlo
sólo podría ser por amor,
y sin querer buscar culpables
el problema fui yo.

Ni las mentiras o infidelidades,
ni las peleas ni el alcohol.
Sólo ciertas incompatibilidades
entre un sí y un no.

Hasta los huesos me quedé
con más gusto que con sarna.
De tener que volverlo a hacer,
me arrancaría la piel y el alma.

No me preguntes porqué,
no sé cuando perdí las alas.
Hoy me despido del ayer
para no encontrar un mañana.

Dejo escritas estas letras,
las miradas ya no ayudan.
Ojala te hubiera sentido cerca
como cuando estabas desnuda.

No llores, no hay gran pérdida,
son más tristes los hospitales.
Tu eres más enérgica
y yo aun ando en pañales.


(10.03.2011)

miércoles, 9 de marzo de 2011

“Totalmente de acuerdo”











Estoy totalmente de acuerdo,
cada uno es como es.
Seguramente ni puedo
pararme a aprender.

Perro ladrador que no muerde,
que se conoce y quiere conocer.
Mala hierba que nunca muere,
pieza de puzzle por poner.

Así soy yo, así eres tú,
casi todas las cartas sobre la mesa.
Ahora decides si cielo azul
o prefieres tormenta.

Lo que destacas como diferente
también te parece molestar.
Has conocido a mucha gente
y tú decides a quién amar.

Posiblemente no sepa qué quiero,
quizá pregunte demasiado.
A veces me tiro de los pelos
y otras me apago.

(09.03.2011)

martes, 8 de marzo de 2011

"La Gata Negra" (Capítulo 12)


Obviamente alguien la había llevado a casa. El último gato a quién vio fue a su misterioso gato del que todavía desconocía su nombre.

Poco a poco fue incorporándose pero él no estaba. Exploró su casa pero no lo encontró. También miró dentro del armario del que había salido su agresor…y nada. No había notas, no había señales de que hubiera estado registrando entre sus cosas. ¡Nada!

El misterioso gato la llevó en brazos, limpió la herida de la cabeza - que aún estaba húmeda - y se cercioró de que estaba bien dejándola tapada en su cama, pero después de todo aquello se marchó.

La Gata Negra perdió toda la mañana del miércoles durmiendo y todavía no se encontraba bien del todo.

Esa noche tenía que ir a la Fábrica para agradecerle al gato su gesto, pero...de repente, cayó en la cuenta de algo. ¿Cómo es posible que él estuviera deambulando tan cerca de su casa? ¿Por qué apareció de repente tras escuchar los gritos de aquella gata? ¿Por qué no dejó ni siquiera una nota?

El ruido que hacían sus pensamientos en su cabeza no la dejaron escuchar el murmullo que venía de la calle. Como aquella mañana en la que la ciudad despertó conmocionada por el crimen, ésta tenía algo en común.

Abrió la ventana del cuarto que daba al exterior. Allí había más gatos de lo normal, entonces, sin cambiarse de ropa, bajó para intentar descubrir que pasaba. ¡Otra gata había aparecido muerta a muy pocos metros de su casa! ¿Qué estaba pasando?

Los medios ya hablaban de un asesino en serie: “El asesino del callejón”. Todo el mundo se concentraba alrededor de la televisión en todos los bares y cafeterías que estaban abiertos. Otra joven y atractiva gata había aparecido muerta en otra calle oscura a altas horas de la noche.


Aunque no había trascendido el contenido a través de las noticias y los periódicos, se sabía que junto a aquella gata había aparecido una nota. El mensaje para todas las gatas de la ciudad era claro. No se impuso toque de queda pero, hasta que se resolviera el caso, se recomendaba a todas las gatas no merodear las calles sin compañía.


Cuando la Gata Negra se aclaró un poco y comenzó a anochecer, desatendiendo lo que las autoridades habían recomendado, decidió dirigirse al local donde tantas noches encontró compañía cuando ni ella misma podía encontrarse.

Tantas veces fueron las que ni siquiera se respetó a si misma yéndose con cualquiera, que durante una temporada tuvo una fama más bien poco beneficiosa. Cuando pensaba que estaba bien con algún gato, cuando compartía momentos especiales, cuando parecía tener un confidente, un amigo, un compañero…siempre se dejaba querer por cualquiera. No podía mostrar lealtad ni respeto por ninguno y siempre fallaba. Siempre se fallaba a sí misma y siempre fallaba a los que comenzaban a quererla.

Ahora sólo tenía en mente conocer más cosas del misterioso escritor del sombrero.

La noche de los miércoles no solía estar muy animada, pero eso no fue óbice para que la Gata fuera tras su deseo.

La intranquilidad se respiraba en las miradas de las gatas que la Gata se iba cruzando a su paso. En muchas de ellas veía a la próxima “víctima perfecta”. Incluso ella sabía que podía ser la próxima pero como tantas otras veces, su juventud fue sinónimo de imprudencia.

Cuando llegó a la Fábrica no vaciló a la hora de entrar, y decidida, bajó las escaleras y se dirigió a él. Allí estaba como las otras dos veces que lo encontró. Casi sin ninguna diferencia se volvía a repetir la situación…

- ¡Siéntate! - le dijo el gato.
- ¿Cuál es tu nombre?
- ¿Cómo te encuentras después de la caída? - le quiso recordar.
- Bien, gracias por llevarme a casa. ¿Te has enterado de la noticia?
- Si, algo he escuchado.

El gato no parecía mostrar mucho interés en responder directamente a las preguntas que la Gata Negra le hacía y ésta volvió a insistir. Ante todo quería saber más cosas de él, su nombre, de dónde era, a qué se dedicaba…

- ¡Me llamo Damián!

Por fin la Gata conseguía un poco más.

Sentada al lado de Damián la Gata se sentía mejor. Aun no sabía casi nada sobre su vida pero en ese momento no hacía falta más. Pese a no quitarse de la cabeza los últimos acontecimientos ocurridos en la ciudad, la sensación de tranquilidad que sentía estando en esa situación era superior a los, seguramente inocuos y prescindibles datos.

Le estuvo escuchando atentamente. Siempre que él hablaba ella tomaba la decisión de callar. Damián, en ocasiones - tanto la primera como esta vez - daba muchas vueltas para decir o explicar algo sencillo, pero al final, no quedaba ninguna duda sobre las cosas que decía.


Como la otra vez que se encontraron, Damián quiso compartir una de sus letras preferidas. A la Gata Negra le gustaba aunque no comprendía del todo el porqué. Quizá él lo hacía para saber como pensaba ella, como reflexionaba, como respondía, qué le transmitían las palabras que le iba a leer.

Muchos gatos y gatas dicen más cuando callan y observan que cuando hablan y seguramente Damián quería observarla en esa situación. Seguramente de esta forma y sin preguntar obtenía la información necesaria, y así comenzó:

“Furioso pétalo de sal,
la misma calle, el mismo bar,
nada te importa en la ciudad
si nadie espera.

Ella se vuelve carmesí,
no se si es Baires o Madrid,
nada te importa en la ciudad
si nadie espera.

Y no es tan trágico mi amor,
es este sueño, es este sol
que ayer pareció tan extraño,
o al menos tus labios.

Yo te entiendo bien,
es como hablarle a la pared
y tú podrías darme fe...

Furioso pétalo de sal,
la misma calle, el mismo bar,
nada te importa en la ciudad
si nadie espera.

Ella se vuelve carmesí,
no se si es Baires o Madrid,
nada te importa en la ciudad
si nadie espera.

Y no es tan trágico mi amor,
es este sueño, es este sol
que ayer pareció tan extraño,
o al menos tus labios.

Yo te entiendo bien,
es como hablarle a la pared
y te imagino dando vueltas en el vecindario.

Algo tienen estos años, que me hacen poner así
y decirte que te extraño
y voy a verte feliz”


Esta letra era la de una canción de Fito Páez, la Gata Negra la había reconocido. Hacía tanto tiempo que no la escuchaba…

Durante una temporada grande se sintió muy identificada con esas palabras. Quizá el porqué de su forma de actuar con todos los gatos y con ella misma era precisamente fruto de que nadie la pensara, que nadie la respetara, que nadie la esperara.

Cuando uno tiene a alguien que le piensa, que le escucha, que le mira, que le apoya, que le espera…esos pequeños detalles de los cuáles se pueden prescindir menguan como mengua la luz del sol al llegar la tarde. Uno es capaz de reducir, casi inconscientemente y sin pesar esas pequeñas cosas que sabe que pueden afectar a quien espera. No es cuestión de cambiar ni de dejar de ser uno mismo…la Gata Negra siempre había sido consciente de ello, es más bien cuestión de adaptarse por quien se siente que uno se debe adaptar.

Siempre lo había pensado, la Gata sabía que si alguna vez tenía que cambiar sería por ese gato especial que llegara cuando llegara siempre la estuviera esperando. Siempre supo que tendría en su vida lo que quisiera tener y que si no hacía cosas acorde a esos deseos, contradictoria y obviamente, no los alcanzaría.


La letra le había echo pensar más de la cuenta y eso es lo que quería conseguir Damián. Quizá desviar su atención para que bajara la guardia o para que la tensión que acumulaba en sus músculos disminuyera era exactamente lo que quería.

La Gata Negra y Damián estuvieron bebiendo y hablando durante mucho tiempo. Era miércoles, no había mucha gente en la Fábrica de los Sueños ni mucho ambiente…pero eso no fue inconveniente para que los dos decidieran continuar la conversación en casa.

“Secreto”














He guardado tu cuerpo en secreto,
para protegerte y protegerme.
Me he escondido en tu pelo,
he olido tu cuello hasta perderme.

No tengo tantas cosas que decir,
no planeé tenerte en mis planes.
No calculé esto de sentir
como cuando sentí antes.

Por otro lado, ni me he esforzado
en sacarte de mi vida.
Incluso me he medio acostumbrado
a que tú estés en la mía.

Y los caminos se hacen andando,
está claro que ir saltando no ayuda.
Eres culpable de que esté volando
cuando te veo desnuda.

Entrelazo mi mano con la tuya
mientras voy cerrando los ojos.
No importa que seas tozuda
ni soy perfecto tampoco.

Y aprendo que polos opuestos
también pueden ser compatibles.
Y si a la noche contigo me duermo
todo es más accesible.


(08.03.2011)

domingo, 6 de marzo de 2011

“Don Cipote y Doña Ganga”











En un lugar de tu espalda,
cuyo nombre ni sé ni me importa,
me perdí hasta las tantas
como un tonto a deshora.

Y anduve por allá lento,
y aproveché el empujón del viento
para peder el tiempo.

Entonces vi a Doña Ganga,
que con su sonrisa de buena
decía que era mala…
y volaba sin alas.

Pasaba los días como el capote
de un torero con miedo a la sangre.
Entonces conoció a Don Cipote
y se lo llevó a la calle.

Y miraron al cielo,
y contaron los rayos por cientos
mientras leían un cuento.

A falta de algo juntaron sus caras
y los labios se pegaron
como un sello a una carta
que no dice nada.

(06.03.2011)

“Cimientos de papel”


Quizá no sea el más indicado,
nunca fui de dar consejos.
Vivir al filo del pecado
para no volverse viejo.

Los cimientos se tambalean
como si fueran de papel,
si me tiro a las aceras
y no encuentro lo que hacer.

No sé si llamar a los albañiles,
la empresa de derribo
ya cerró por vacaciones.

Algunos correveidiles
entretienen a los perdidos
que persiguen tentaciones.

(06.03.2011)